Buscar

[LA SEGUNDA] Psicólogos con «animal spirit» emergen en puestos de poder

Los casos de colusión y prácticas abusivas de las empresas les abrieron la puerta para llegar a directorios y gerencias.

Psicólogos en puestos de poder. En la empresa privada, en la política o en organizaciones influyentes a nivel de políticas públicas. Ese es el nuevo panorama que de forma tímida —pero sostenida— está posicionando cada vez más a estos profesionales en cargos relevantes en la toma de decisiones en el país.

'Hasta hace un par de años, los gerentes generales o comerciales, así como los miembros de los directorios de las empresas, eran casi exclusivamente ingenieros. Ese escenario está cambiando, la tendencia es que cada vez haya más psicólogos', dice Jorge Manzi, director del Centro Mide, de la Universidad Católica.

Manzi es psicólogo, magíster y doctor en Psicología. Se ha especializado no solo en mediciones en el ámbito educacional (Simce, PSU y evaluación de profesores), también en intentar comprender fenómenos de la esfera política, donde ha encabezado varias investigaciones.

'Hoy es clave, en puestos de liderazgo, entender cómo se dan los conflictos al interior de las organizaciones y entre ellas, para poder manejarlos. Y ese conocimiento lo tienen bastante menos las personas formadas en gestión de manera tradicional. Los psicólogos ahí tienen una ventaja', señala.

Por eso, dice, 'los MBA cada vez incorporan más psicólogos como profesores, reconociendo que preparar bien a un gestor requiere darle herramientas desde la psicología. Todos sabemos que el éxito de las organizaciones depende de cómo se ejerce el liderazgo (...). De hecho el clima de trabajo de una organización es un criterio cada vez más valorado a la hora de evaluar un lugar o una gestión. De ahí la importancia de Great Place To Work'.



Decisiones no racionales

En Chile aún no hay investigaciones ni cifras oficiales, pero un estudio realizado en 2016 por la Universidad del Desarrollo y la Consultora Proteus —que analizó la composición de los directorios de las empresas en Chile— concluyó que 'las grandes compañías tienen la necesidad de incorporar a «otros profesionales» como psicólogos, sociólogos y antropólogos, entre los perfiles profesionales que pueden aportar formas distintas de ver el mundo'.

GfK, Cadem, Metlife, Socovesa y British America Tobacco —entre otras— siguieron la recomendación y tiene sicólogos en cargos influyentes. Lo mismo organizaciones como Educación 2020, Fundación Paréntesis o la Corporación Alzheimer. Y el mundo político no se quedó atrás. Cada vez más figuran psicólogos como alcaldes, exministros y parlamentarios. Otro ejemplo es el director de la Secom, Jorge Selume, hoy parte del equipo de confianza del Presidente Piñera.

'Por años me he sentado en hartos directorios, además de entrenar y educar en la universidad a gente que es parte de los directorios de empresas. Y la verdad es que los mayores impactos que logro en mi rol de director los consigo más con psicología que con finanzas o economía', dice Gonzalo Jiménez, autor del estudio sobre directorios desarrollado por la UDD.



Jiménez —que en promedio participa en seis directorios al año— es profesor de Ingeniería de la UC y del Centro de Gobierno Corporativo de ese plantel, además de ser doctor in Governance de la Universidad de Liverpool y CEO de Proteus.

'Hay conciencia de que brindar una mirada más blanda y humana de las personas es cada vez más importante en las organizaciones. Y eso se reconoce a nivel mundial. Piensa que gran parte de los Nobel de Economía Moderna son mitad economistas, mitad psicólogos', explica. Y ejemplifica con Hemberth Simon o Daniel Kahneman, ambos psicólogos que recibieron el Nobel de Economía en 1978 y 2002, respectivamente.

Pero el ejemplo más cercano es de apenas dos años, cuando Robert Thaler fue galardonado por su investigación sobre las consecuencias de los mecanismos psicológicos y sociales en las decisiones de los consumidores y los inversores. El economista norteamericano conectó psicología y economía, mostrando que las decisiones financieras —desde la compra en un supermercado a una multimillonaria inversión— no son siempre racionales, y sí profundamente humanas.

Las alertas de la colusión

'La gran gracia de la psicología es que al buscar comprender el comportamiento humano, tiene mucha proximidad con otras ciencias como la económica. Parece antagónico, pero es complementario', dice Benito Baranda, psicólogo que ha presidido una serie de fundaciones y organizaciones sociales como el Hogar de Cristo y hoy es director internacional de América Solidaria.

'Gran parte de las tensiones que hoy se viven dentro de las organizaciones son causadas por dificultades en llevar relaciones humanas. Pueden estar presentes todas las capacidades profesionales, tener claros los objetivos que se buscan como grupo, pero si no hay capacidad para gestionar las dificultades como colectivo, es muy difícil un buen resultado', explica.

Ejemplo de ello, dice Jiménez, es lo ocurrido en 2010, cuando explotan los casos de colusión de las farmacias y prácticas abusivas de La Polar. 'Esos casos demostraron la terrible desinteligencia emocional que había en ciertos directorios. Esos casos, y otros posteriores, mostraron que había gente súper preparada: buena formación disciplinaria, máster de Economía, conocimientos de finanzas... pero poquísima capacidad de leer el ambiente, de darse cuenta de quién era confiable y quién no, de detectar que le mentían, de pispar que había información oculta, darse cuenta de que había gente maquinando el sistema'.

Y de todo eso —asegura— 'te das más cuenta por habilidades humanas y sociales que por habilidades técnicas'. Después de esos episodios, señala, las empresas comenzaron a mirarse hacia adentro y, algunas, empezaron a hacer cambios.

Agallas y asertividad

Pero esta nueva manera de gestionar organizaciones ha debido enfrentar varios escollos. El primero, derribar la mirada tradicional de que la psicología solo es competente en patologías individuales. 'El psicólogo clínico es el paradigma de eso, de hacerse cargo de resolver conflictos personales, pero eso no es proyectable en un contexto organizacional', dice Manzi.

Otro problema, advierte Jiménez, es que los propios psicólogos 'a veces no alimentan su ego corporativo, porque hay que desarrollar colmillos, garra y cierta firmeza; y no todos están dispuestos'.

Y lo tercero, señala, es que no cualquier psicólogo sirve: 'Se requieren ciertas antenas perceptuales y psicológicas. Hay que estar como captando en qué están los temas, en qué está la gente, lo que está ocurriendo en el entorno'.

Enfatiza que para ese tipo de liderazgo 'tienes que tener agallas y asertividad para decir las cosas. Por ejemplo, no puedes amilanarte ante respuestas técnicas que intentan desautorizarte. Hay psicólogos que son buenos confrontando, pero hay muchos que son mejores pastoreando. En un directorio necesitas la combinación de ambos para hacer avanzar al grupo, a veces poniendo verdades incómodas sobre la mesa'.

—¿Y los psicólogos en política?

—Están allí porque han desarrollado ese instinto que los gringos llaman animal spirit . En el mundo político tienes que ir a ganar, tienes que ir a tacklear al otro, es mucho más confrontacional que en el mundo de los negocios. Un buen líder hoy debe ser, al mismo tiempo, un amable componedor, un duro negociador y un pensador racional.